Cuando Corea del Norte intentó formar su primer cuerpo de espías

Tras la guerra de Corea y la división de dicha península en los dos países actuales (Corea del Norte de idealismo comunista/marxista avalado por China y la URSS, y Corea del Sur con el capitalismo por bandera avalado por Estados Unidos y Japón), la brecha económica de ambos países se fue haciendo cada vez mayor en un conflicto que, técnicamente, sigue abierto ya que nunca se firmó un armisticio.

El crecimiento experimentado en las últimas décadas por Corea del Sur, uno de los países asiáticos más ricos y relevante, rompe radicalmente con su vecino del norte y su deriva internacional provocada principalmente por los excesos e ideas de la dinastía Kim, más preocupada en cómo atacar a otros países y de la defensa militar ante inexistentes peligros que de fomentar una economía con proyección.

Ejército de Corea del Norte / Foto: Russia Today

De la militarización extrema del país (llegando a contar con un ejército de más de un millón de personas, aproximadamente el 4% de la población), Kim Il-Sung hizo su habitual forma de conseguir tener relevancia internacional. La táctica era la misma que posteriormente siguieron sus hijos y actualmente su nieto, Kim Jong-Un: amenazo con armas nucleares (que en ocasiones ni se tienen, pero lo importante es hacer creer que se dispone de ellas), fuerzo a la comunidad internacional a buscar un acuerdo para evitar un conflicto, y el propio líder norcoreano ofrece soluciones a la crisis internacional que él mismo ha provocado. Obteniendo así ayuda internacional, levantamiento de sanciones u otros beneficios, y “vendiendo” a su pueblo que lo obtenido procede de indemnizaciones por la guerra de Corea que, por supuesto, habían ganado.

La guerra con Japón

Prácticamente cualquier país con un pensamiento no marxista/comunista es un enemigo. Es decir, todas las naciones menos China (aunque últimamente se está cansando de avalar al gobierno norcoreano en sus “locuras”) y la extinta URSS. Con cada país de la zona tiene abierto un conflicto, y uno de ellos es Japón. Concretamente con la nación nipona, la disputa viene porque Corea del Norte reivindica la propiedad de determinadas islas del norte de la península japonesa (casi 70 años de reivindicación) agravada por el pensamiento capitalista de Japón. Además, para el gobierno y la población japonesas, los lanzamientos de misiles por sus cielos (aunque acaben en el agua, en ocasiones en aguas japonesas) tampoco ayudan a la concordia.

Japoneses secuestrados por Corea del Norte

Ante la falta de medios de los altos cuerpos militares al acabar la guerra, las formas para ganar al enemigo eran más “rudimentarias”. En los años 70, Corea del Norte comenzó un plan para crear un ejército de espías con el que controlar los movimientos de sus enemigos, siendo Japón uno de los focos. Pero su poco preparado cuerpo tenía un gran problema: no sabían japonés ni interpretar su cultura en numerosos momentos, por lo que podían acceder a comunicaciones japonesas sin saber qué decían.

La solución fue secuestrar masivamente a ciudadanos japoneses, especialmente jovenes e incluso adolescentes, para enseñar a sus espías el idioma y costumbres, e incluso para inculcarles el pensamiento norcoreano y luego liberarlos de nuevo en Japón como “agentes infiltrados”.

Corea del Norte admite 13 secuestros, mientras que algunos organismos hablan de hasta 90

El gobierno norcoreano admitió que existieron estos secuestros entre 1977 y 1983, si bien nunca asumieron que lo hicieran ellos sino “alguna gente que quiso demostrar su heroísmo y temeridad”. En 2002, dentro de unas conversaciones por la paz con Japón, reconoció estos secuestros, devolvió los restos de los fallecidos junto a su certificado de defunción (certificados falsos) y permitió el regreso de las cinco personas secuestradas que seguían con vida, a condición de que volvieran posteriormente a Corea del Norte. Nunca volvieron, bajo la defensa del gobierno de Japón y toda la comunidad internacional que apoyó nuevas sanciones en la ONU al país coreano por estos hechos.

Presidente George W. Bush con la familia de Megumi Yokota, probablemente la secuestrada más famosa

Existe una pequeña lista de secuestrados admitida por Corea del Norte donde ni mucho menos están todos los nombres, ya que a ciencia cierta no se sabe cuántos japoneses pudieron ser. La mayoría ya murieron, o bien por suicidio por las condiciones vividas o asesinados por su no colaboración.

Incluso estas desapariciones salpicaron indirectamente a España, ya que el gobierno de Pyongyang habitualmente usaba destinos en Europa como “puente” para llevarlos de Japón a Corea del Norte. Una pareja de chicos, Toru Ishioka (23 años) y Kaoru Matsuki (27 años) fueron vistos por última vez en Madrid a lo largo de un viaje por Europa, donde fueron secuestrados por agentes de Corea del Norte. Ishioka falleció en 1988 según el gobierno norcoreano por un escape de gas en la casa donde vivía con otra prisionera, mientras que Matsuki murió en 1996, si bien nunca se ha podido corroborar y sus certificados de defunción (como todos) eran falsos.

 

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