Cuando un tonto se cruza con el patrimonio histórico

No es la primera vez que pasa y por desgracia tampoco será la última, pero no por ello deja de ser insultante a la par que lamentable: una chica, en su visita a Lugo y para ponerlo en su cuenta de Instagram, se grabó un vídeo en el que tallaba los nombres de sus amigas en la piedra (no se aprecia bien si la talla o solo escribe como en pizarra, pero es irrelevante en este caso). El monumento, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, quedaba así manchado con la “gracia” de una inconsciente que no valora lo que tiene delante.

Captura de Instagram de la chica escribiendo en la muralla de Lugo, antes de retirar el vídeo

Si tiramos de hemeroteca, nos podremos encontrar numerosos casos: un adolescente de 15 años dejando su nombre tallado en el templo de Luxor, en Egipto, en 2013. Este mismo año, una turista chilena dañó parte de las piezas de los moái en la Isla de Pascua. Dos estadounidenses grabaron sus iniciales en el Coliseo de Roma en 2015, mientras que meses antes ya lo había hecho otro turista ruso. Son solo algunos ejemplos a vuelapluma de casos similares.

En todos ellos, hay un factor común: posteriormente, se hicieron una foto para compartirla en sus redes sociales (y por supuesto, a todos les cayó una nube de comentarios que les hicieron retirar las imágenes, además de dejarles el caso en bandeja a las autoridades nacionales).

Destrozar siglos de historia por un “Me gusta”

La pregunta que hay que hacerse es, hasta qué punto pueden llegar determinadas personas a hacer cualquier cosa por un “Me gusta” en una red social. Es evidente que no están valorando el patrimonio que tienen delante, pero hay una barrera muy grande entre no entenderlo o valorarlo, y directamente dañarlo.

Daño causado en la muralla de Lugo

Realmente, esto no deja de ser un símil del grafitero que pinta en una pared: tampoco está respetando el patrimonio, solo que en esos casos el patrimonio no es un bien incalculable de la humanidad con siglos o milenios de historia a sus espaldas. Por otro lado, el fin que se persigue hace que toda excusa sea estúpida: la foto en las redes.

Ésto vuelve a justificar la “turismofobia” que se ha desarrollado en determinados lugares, porque si bien el turismo es algo que hay que controlar para hacerlo sostenible y que no repercuta en daños a lo que se va a visitar, también es una incalculable fuente de ingresos para esos lugares. Es complicado encontrar el equilibrio justo entre esos dos puntos, pero con imágenes como esta chica en Galicia, poco podemos decir los que queremos hacer turismo (siempre, por supuesto, del respetuoso, como el 99’99% de personas que lo hacen).

¿Son las penas en España demasiado bajas en estos casos?

En Italia, quienes escribieron su nombre en el Coliseo fueron directamente llevados al calabozo por “dañar un edificio de interés histórico y artístico”. En este caso, al no ser pillada en el acto, no ha recibido ninguna sanción si bien su vídeo ya estará siendo estudiado para futuras penas. En el caso del Coliseo, las dos chicas estadounidenses que grabaron sus nombres alegaron en la comisaría que “no imaginábamos que grabar nuestras iniciales era algo tan grave”, lo que resulta incluso insultante. Casos similares en Roma acabaron con cuatro meses de prisión y multas de 20.000 euros más el valor de la restauración.

En España, el caso más grave seguramente es el del joven que “amputó” la mano a la estatua de Cibeles de Madrid en 2002. Aquel caso quedó en una multa económica de 27.158 euros y fue considerado “imprudencia grave”.

Restauración de la estatua de Cibeles cuando perdió la mano

En 2004 entró en vigor la última modificación del artículo 324 del Código Penal que dice lo siguiente: “el que por imprudencia grave cause daños, en cuantía superior a 400 euros, en un archivo, registro, museo, biblioteca, centro docente, gabinete científico, institución análoga o en bienes de valor artístico, histórico, cultural, científico o monumental, así como en yacimientos arqueológicos, será castigado con la pena de multa de tres a 18 meses, atendiendo a la importancia de los mismos”. No se contempla cárcel en estos casos.

Si bien hablar siempre de pena de prisión son palabras mayores, el debate queda abierto. Además, prácticamente no hay casos en los que se haya sancionado a una persona por esto. Sí que los hay hacia empresas, siendo mucho más fuertes pero siempre económicas. El hecho de ser difícil encontrar al autor o autores de muchos de estos casos hace que queden impunes, pero cuando el propio infractor se delata en una red social, se puede decir que el caso está bastante claro.

Las penas deben ser disuasorias, pero la pregunta en este caso es qué mentalidad tienen determinadas personas que necesitan un peligro de multa para no hacer algo que, por su propia mentalidad, ya debería estar más que claro. A veces, no es así, y el “postureo” de las redes sociales premia más que la cordura.

 

Carta abierta de dos niños grandes dependientes a la Junta de Castilla-La Mancha

Tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

Comments are closed.