El cáncer: cuando las células pierden el control

Por desgracia, el cáncer es una enfermedad que todos, de alguna manera, hemos vivido de cerca. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada tres personas en el mundo tendrá, en algún momento de su vida, cáncer (en el caso de los hombres, la mitad de ellos). Ya es la sexta enfermedad con más mortalidad en todo el mundo y la cuarta en los países desarrollados (tras las afecciones cardíacas, accidentes cerebro-vasculares e infecciones respiratorias).

Personalidades de las últimas décadas como Steve Jobs (56 años), Bob Marley (36 años), Patrick Swayze (57 años), Tito Vilanova (45 años) H. P. Lovecraft (46 años) o Eva Perón (33 años) murieron por esta enfermedad siendo relativamente jóvenes, mientras que otros tantos lo han padecido y vencido, por lo que lo vemos en nuestra sociedad prácticamente a diario. A pesar de ello, mucha gente no sabría explicar qué es o qué sucede en el cuerpo de estos pacientes. La mayoría de la población sabe que es un aumento de la cantidad de células que forma masas llamadas tumores. Pero, ¿cuál es la causa de ésta situación?

Esquema de síntesis de las proteínas

Para explicar el origen de un cáncer debemos remontarnos al ADN, la molécula que nos define y nos hacer ser como somos. Contiene los genes con toda la información para el desarrollo y funcionamiento de un organismo. Y ahí se encuentra la secuencia necesaria para que la célula fabrique proteínas, las responsables de realizar las funciones que hace una célula. El proceso de síntesis de proteínas, resumiéndolo en un sencillo esquema, sería: el ADN se transcribe a una molécula de ARN, que se traduce dando lugar a la proteína.

Mutaciones y oncogenes

Las alteraciones en el ADN son las llamadas mutaciones, y provocan que las proteínas no se fabriquen de forma correcta, lo que provocará que algunos de los procesos biológicos que tienen lugar en una célula no funcionen. La mutación es ese error que tiene nuestro ordenador y que provoca un funcionamiento erróneo o errores imprevistos, para hacernos una idea. Esto mismo sucede en un cáncer, donde se ven afectados dos tipos de genes: los oncogenes y/o los supresores de tumores.

Los oncogenes son genes cuya función está relacionada con el aumento, controlado y regulado, de la población celular. Cuando se produce la mutación en el oncogén, se produce un incremento sin control de la población celular. Los supresores de tumores son los genes destinados a reducir la población celular, y cuando se alteran, al desaparecer su actividad represora, se provoca un aumento de células.

En este punto podríamos decir que el cuerpo humano sería como nuestro planeta y las células sus habitantes. Hay un número de habitantes en el mundo pero, si hubiera demasiados, el planeta no tendría recursos para todos. El supresor sería el encargado de que, en el mundo, no hubiera más habitantes de los que se pueden mantener. Y en el cuerpo, es el encargado de que no haya más células de las que deben.

Cuando nuestro cuerpo pierde el equilibrio celular

En el caso del oncogén las mutaciones que aparecen son denominadas “de ganancia de función”, dado que provocan un aumento de la actividad o cantidad de la proteína. En el caso de los supresores de tumores, las mutaciones se denominan “de pérdida de función”, y provocan lo contrario, la reducción de actividad o cantidad.

Recurriendo a un símil automovilístico, el oncogén actuaría como acelerador, mientras que el supresor de tumores actuaría como el freno. En una célula cancerosa la situación que nos encontramos es un oncogén que pisa el acelerador de forma continua y un supresor tumoral que no puede pisar el freno: un coche sin control a toda velocidad. De esta forma la proliferación celular crece enormemente.

Para que se desarrolle y aparezca un cáncer es necesario que aparezcan alteraciones tanto en oncogenes como en supresores de tumores. Es decir, si se altera un oncogén, el supresor de tumores va a intentar corregir la situación aumentando su actividad y controlando el exceso de actividad del oncogén. Mientras que si solo se altera el supresor tumoral, dado que el oncogén permanece con su actividad normal y regulada, no habrá un efecto sobre la proliferación celular (si el coche se acelera demasiado, el freno se activa para ir a la velocidad correcta, mientras que si se pisa demasiado el freno y va demasiado lento el coche, el acelerador se incrementa para alcanzar la velocidad óptima).

Los procesos celulares que pueden verse afectados a la hora del desarrollo de un cáncer son muchos:

  • La proliferación de la célula: acelerando el ciclo celular (oncogén) o eliminando los puntos de control (supresor tumoral).
  • La muerte celular: mutaciones que permiten a la célula no morir, tanto propias (apoptosis y autofagia) como mediadas por el sistema inmunitario.
  • La angiogénesis (formación de vasos sanguíneos): la masa de células necesita que se le suministre oxígeno y nutrientes, por lo que necesita que la zona aumente el número de capilares sanguíneos.

Por tanto, en un cáncer hay células que se multiplican continuamente, mientras que otras no mueren y además se generan vasos sanguíneos que alimentan el crecimiento de las células. Esta “mezcla perfecta” provoca la aparición del tumor.

 

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