El cementerio alemán en España

Carlos I de España y V de Alemania fue, podríamos considerar, el primer rey de España (o, al menos, de lo que luego sería España) ya que gobernó a la vez en los reinos de Castilla, Aragón y Navarra. Con él, las coronas se unirían en una misma persona ya hasta nuestros días.

En 1556, tras haber abdicado de ambas coronas y en una edad cercana a la esperanza de vida de la época (tenía 56 años), el ya exmonarca valoró su reinado y eligió un retiro apartado de toda vida pública y grandes ciudades. Afectado de gota, con ataques bastante agudos según las crónicas de la época, le hablaron de una comarca que le vendría bien para vivir por su buen clima y aguas puras, la comarca de La Vera, en Cáceres. Así que tras un viaje de cerca de dos meses, llegó a Jarandilla de La Vera y decidió hospedarse cerca del monasterio de Yuste.

Pasó tres meses hospedado en el castillo de Oropesa mientras le construían la casa-palacio al lado del monasterio, y en febrero de 1557 ya trasladó a su residencia. Allí, junto a la orden de los Jerónimos que gestionaban el templo, pasó sus últimos años hasta que murió año y medio después de paludismo (en septiembre de 1558).

Los soldados alemanes muertos en España

Tumba de soldado alemán en Cuacos de Yuste / Foto: Benjamín Núñez Gonzalez

Avanzamos ahora 400 años. Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, en España murieron soldados de prácticamente todas las nacionalidades (en accidentes de transporte principalmente, nunca combatiendo). Alemanes fueron 180, de todos los rangos y ramas del ejército y sobre todo en los años de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando fallecían, generalmente eran enterrados en el cementerio del pueblo más cercano en tumbas, muchas veces, anónimas. El mayor enterramiento de soldados alemanes estaba en Calpe (Alicante), donde un submarino U-77 fue bombardeado y hundido por tropas aliadas en 1943. Sus 38 tripulantes murieron.

Rara vez eran devueltos a Alemania los cuerpos de los soldados fallecidos en el extranjero, la mayoría de veces por desconocerse su identidad. En otras ocasiones eran enterrados incluso en fosas comunes con otros cuerpos desconocidos o de gente que no podía pagar una tumba en el camposanto, siempre bajo el rito católico (aunque algunos de ellos eran protestantes).

La creación de la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge, o cementerios de los caídos en guerra alemanes

En 1919, tras la Primera Guerra Mundial, el gobierno alemán crea los “Cementerios de los caídos en guerra alemanes”, una organización encargada de velar por las tumbas de los soldados nacionales en el extranjero y que gestiona 800 cementerios y dos millones de tumbas, principalmente en Francia y Rusia (donde más soldados murieron).

En 1980, esta organización compro 7.000 metros cuadrados para construir un cementerio para los dispersos fallecidos alemanes en España. Lo más lógico habría sido elegir una ubicación donde ya existieran tumbas alemanas, pero decidieron buscar un lugar que uniera la historia alemana y española. Así, se dirigieron a la localidad de Cuacos de Yuste, cerca del monasterio y de la casa-palacio de Carlos I de España y V de Alemania, y compraron una parcela de suelo.

La organización exhumó todos los restos de soldados alemanes en toda España, realizó la prueba de ADN para conocer su identidad, y los llevaron al nuevo cementerio que crearon en la localidad de Cáceres. No obstante, ocho soldados jamás fueron identificados, y sus restos descansan en la necrópolis bajo una placa de “soldado desconocido”.

El 1 de junio de 1983, junto a familiares de los soldados y autoridades de ambos países, se realizó una ceremonia solemne en la que se inauguró el cementerio. Los 180 cuerpos descansan bajo una cruz individual, austera, en la que está escrito su nombre, fecha de nacimiento, de defunción, y rango militar. Todas iguales.

Cuacos de Yuste: 850 habitantes

La localidad cacereña merece una visita por sí sola. Es la capital de la comarca de La Vera, conocida por su gastronomía (pimentón Denominación de Origen de referencia) y al lado de Piornal, en la montaña del Valle del Jerte. En el monasterio residen ahora monjes Paulinos y la casa-palacio sigue perteneciendo a la Corona. La pequeña población tiene monumentos por doquier que hacen referencia a la estancia y muerte del monarca.

Placa en el cementerio / Foto: Benjamín Núñez González

Camino al monasterio, que está fuera del pueblo, se encuentra la placa del cementerio (bastante escondida). Ya dentro, otra placa tiene un largo texto en alemán, que, traducido, dice: “En este cementerio de soldados descansan 26 soldados de la Primera Guerra Mundial y 154 de la Segunda Guerra Mundial. Pertenecieron a tripulaciones de aviones que cayeron sobre España, submarinos y otros navíos de la armada hundidos. Algunos de ellos murieron en hospitales españoles a causa de sus heridas. Sus tumbas estaban repartidas por toda España, allí donde el mar los arrojó a tierra, donde cayeron sus aviones o donde murieron. El Volksbund en los años 1980–1983 los reunió en esta última morada inaugurada en presencia del embajador de la República Federal de Alemania en un acto conmemorativo hispano-alemán el 1 de junio de 1983. Recordad a los muertos con profundo respeto y humildad”.

Algunos de los lugareños se quejan de que está demasiado descuidado. Hay quien se queja de que no existan visitas guiadas por el cementerio que cuenten la historia. No obstante, así lo quiere el gobierno alemán, que considera este lugar simplemente un lugar de descanso para sus combatientes. Se puede visitar, pero siempre desde el respeto y el silencio. La embajada alemana en España tiene contratada a una persona para los cuidados básicos de mantenimiento que requiere el camposanto, sin más. No hay más señalización ni señal alguna de nada, simplemente, un lugar para reposar eternamente.

 

 

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