“El día 21 de septiembre de 1945, yo morí”

El 5 de abril de 2018 murió Isao Takahata, 72 años, 6 meses y casi 15 días después de la muerte del protagonista de su película más icónica, dejando una obra muy conocida pero desconocida al público en general, precursora para que el anime y la animación japonesa traspasase fronteras.

Hayao Miyazaki, co-creador del Studio Ghibli, recogiendo un Óscar.

Y es que todo el mundo seguramente ha visto una obra de Takahata sin saber que era suya. Porque suyas son las series “Heidi” o “Marco”, dos emblemas de la infancia de toda una generación, u otras series infantiles como “Ana de las tejas verdes” o “Lupin III”. Dedicado prácticamente siempre al género infantil, quizá por eso Takahata conmovió aún más a los espectadores con su película más emblemática.

Esta cinta llegaría ya junto a Hayao Miyazaki, Óscar a mejor película de animación por “El viaje de Chihiro” y Óscar honorífico a toda su carrera, así como otras dos nominaciones. Juntos trabajaron en “Nausicaä del valle del viento”, la que a la postre sería la primera película del Studio Ghibli, si bien Takahata nunca obtuvo el reconocimiento que Miyazaki sí tuvo en el exterior, permaneciendo en un segundo plano.

La relación de amistad entre ambos se extendió hasta el final. Y juntos, en 1988, prepararon un pase especial de dos películas que se proyectarían a la vez: en primer lugar, se vería “Mi vecino Totoro”, película que acabó siendo emblemática del estudio, y después iría la película de Takahata. Se llamó “La tumba de las luciérnagas”.

93 minutos rompiéndote el corazón

Setsuko intenta cazar luciérnagas.

Si eres un ser humano normal, con dos manos, dos piernas, ojos y esas cosas, y no has visto esta cinta, te recomiendo encarecidamente que lo hagas. Porque vas a disfrutar, porque es bonita, porque es una gran historia…pero, sobre todo, porque cogerá tu corazón, lo hará pedazos y lo quemará en lo más profundo de tu ser, a un nivel que solo puede hacer esta cinta y la serie “Clannad” (especialmente en su segunda temporada). La película de Takahata, creador infantil hasta el momento como hemos visto con “Heidi” y “Marco” a la espalda, empieza con un enigma que no tiene nada de infantil. “El día 21 de septiembre de 1945, yo morí” es la primera frase de la película.

Sería curioso ver las caras en esa doble sesión de cine, que venían de una cinta tan vitalista, naturalista y optimista como “Mi vecino Totoro”, hacia una cinta que lo primero que hace es contarte cómo muere el protagonista, para después, si no te parece suficiente, desarrollártelo con todo detalle.

Decía el cómico Javier Cansado, en un especial del programa Todopoderosos dedicado al Studio Ghibli en el que repasaban sus películas, que no había visto “La tumba de las luciérnagas”. Los demás tertulianos le pidieron que lo hiciera y, a la semana siguiente, dio su opinión. “Takahata, eres un cabrón, me has reventado, pero cómo eres tan cabrón” fue su crítica. Y aunque sea explícita a más no poder, quizá es de las mejores que se han hecho, porque ese es el efecto que causa esta película en una persona que nunca la ha visto.

La vida real no son películas de Disney

Seita, el protagonista, junto a su hermana Setsuko.

No es una película mala, todo lo contrario. Simplemente, estás viendo que la vida no es tan bonita como los dibujos animados pueden aparentar. No hay princesas, no hay unicornios, ni cisnes, hadas o elfos; aquí hay hambre, bombardeos, la II Guerra Mundial en toda su crudeza sobre un Japón prácticamente post-medieval y devastado, pueblos desolados y bombas nucleares que arrasan con todo. En dibujos animados, en perfecto Technicolor.

Y curiosamente, de esos argumentos tan lúgubres, Takahata obtiene esperanza. Lo hace a través de Setsuko, la hermana pequeña del protagonista, una niña de cuatro años que intenta descubrir el mundo en mitad del caos. Se pregunta por qué algo tan bonito, como es una luciérnaga, tiene que morir, y por qué se pierden las cosas que no deben perderse. Mientras tanto Seita, el protagonista, trata de sobrevivir un día más junto a su hermana, dejando escenas preciosas entre ambos.

Y es esta mezcla de belleza en la imagen y crudeza en la historia la que nos trastoca la mente. Lo vemos bonito, pero sabemos que no lo es. Y sufrimos. Y uno se pregunta qué necesidad tiene de pasar ese sufrimiento, y es precisamente porque Takahata lo hace bonito al ojo. Y así ocurre lo habitual con esta película: la mayoría de la gente la ha visto una vez, pero no ha tenido estómago para verla una segunda vez. Porque el golpe que supone es tan grande que uno no se recupera conforme apaga la pantalla.

Takahata regaló al mundo, sin querer que esa fuera la principal motivación, un mensaje antibelicista (él siempre negó que fuese la intención) que traspasa fronteras y pieles. Muchos llorarán su pérdida, otros pensarán que ya está junto a su protagonista más mítico, mientras Ghibli queda tocada y el anime se viste de luto. Y con él, el cine en general, mientras damos las gracias por dejar semejante obra en el legado del mundo.

Isao Takahata, junto a los protagonistas de su obra más influyente / FUENTE: comicbook.com

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2 Responses to “El día 21 de septiembre de 1945, yo morí”

  1. Curro says:

    Cierto, me es imposible verla de nuevo. Me parte el corazón sólo pensar en ella. Pero nunca dejaré de agradecer haberla visto.

  2. Pepe pipo says:

    Pues a mí que me gusta la animación, un buen guión y una gran fotografia, esta película me decepciona y me cansa sin llegar a emocionarme en ningún momento. A mi gusto la cinta más sobrevalorada de Ghibli.