El intento de crear la mayor finca privada de Europa invadiendo Portugal

En la Europa previa a las guerras mundiales y en la que las fronteras se movían con bastante facilidad por los conflictos bélicos, en la península ibérica un noble avalado por el rey Carlos IV de Borbón intentó tener la que hubiera sido mayor finca o terreno de titularidad privada del continente.

Manuel Godoy, en un retrato de Agustín Esteve

Serían aproximadamente unos 40.000 km2 procedentes de las zonas del Alentejo y el Algarve portugués, del tamaño aproximado de Suiza que pertenecería, tras el acuerdo de Fontainebleau (1807) por el que se acordaba la conquista conjunta de Portugal entre España y Francia, a Manuel Godoy, hombre muy importante en la corte borbónica no solo por este episodio sino por prácticamente toda su trayectoria. Esta región (prácticamente la mitad sur de Portugal) sería conocida como “Principado de los Algarves”, cuyo príncipe sería Godoy.

Godoy fue el firmante por el lado español, bajo el beneplácito del rey, de dicho tratado en el que se acordaba la invasión conjunta del país luso entre ambos países y su posterior división en tres partes, que irían una pequeña en el norte junto a Galicia para Luis II de Etruria, en compensación por otros terrenos que había perdido en Italia, y prácticamente las partes norte y centro para Francia, y sur para Godoy (que no para España).

El paso del ejército francés por España

Por todos es sabido que el conquistar Portugal fue la excusa oficial para que tropas francesas ocuparan terreno español. Al principio crearon indiferencia en las zonas cercanas a Portugal, como Salamanca, donde crearon un campamento base. Por España eran 25.000 soldados que hicieron la mayor parte del trabajo atacando por dos frentes: desde el norte, conquistando rápidamente Oporto, y desde Badajoz, llegando hasta Setúbal, prácticamente a puertas de Lisboa. El ejército napoleónico se unió en la toma de Lisboa durando en total toda la campaña menos de un mes: Portugal no tenía fuerzas terrestres para aguantar semejante ataque, y menos aún a las tropas napoleónicas. Tampoco contó con ayuda británica, a pesar de ser un aliado histórico.

En octubre, las tropas francesas (unos 18.000 en inicio, a los que se les iban sumando otras oleadas) estaban cruzando los Pirineos, y para el 1 de diciembre Lisboa ya estaba tomada, así como todo Portugal. La reína María I, muy importante en la historia portuguesa ya que fue la que independizó Brasil, así como toda la familia real portuguesa, tuvieron que huir a la colonia (un plan que posteriormente tuvo que plantearse la familia real española ante el ataque francés).

No obstante, la presencia francesa en suelo español ya no era bien recibida. Portugal estaba conquistada y las tropas napoleónicas “sobraban”. 65.000 soldados, con Portugal ya controlada, estaban en España, muchas de ellas en ciudades que nada tenían que ver con el asalto luso: Barcelona, San Sebastián, Pamplona o Burgos eran algunas de ellas. Así controlaban toda comunicación y acceso no solo a Portugal, sino a Madrid, aislándola de la parte norte.

La caída de Godoy

División de Portugal acordada entre Francia y España. En rojo, el terreno que sería para Manuel Godoy / Fuente: Atlas Histórico de Portugal

Algunos historiadores no descartan que Manuel Godoy conociera desde el primer momento que el plan de Napoleón era conquistar toda la península y que lo que firmó en Fontainebleau fuese salvar su propio cuello a costa de vender a todo el país. Fue el propio Godoy el que, ante la cantidad de tropas francesas en España (100.000 soldados al comienzo de la conquista como tal) recomendó a la familia real su marcha a Aranjuez para poder huir hacia el sur y posteriormente embarcarse hacia América de ser necesario.

Mientras tanto, el territorio que se le había prometido a Godoy no era real, ya que Napoleón solo buscaba una excusa para poder tener tropas en España sin considerarlo un ataque. Desde el primer momento, aquel principado prometido no era más que una mentira para convencer al noble.

En el motín de Aranjuez, tres meses después, Godoy sería obligado a presentar su renuncia como ministro del rey y Carlos IV obligado a abdicar en su hijo Fernando (Fernando VII). Había abierto las puertas del país a fuerzas militares extranjeras con el objetivo de enriquecerse personalmente, dejando entonces la nación en plena guerra por recuperar su independencia de una de las fuerzas más temidas del siglo XIX

Godoy acabó desterrado cuando Napoleón gobernó en España, pasando por Marsella, Roma y otras ciudades. Perdió todos los títulos y todos sus bienes fueron nacionalizados (si bien antes habían sido saqueados por la población), acabando enterrado en una fosa común del cementerio parísino de Père-Lachaise. Nunca llegó a controlar ningún territorio en Portugal, ya que el “Principado de los Algarves” solo llegó a estar en su imaginación.

Tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *