El resurgir de las enfermedades víricas

Las enfermedades víricas fueron durante muchos siglos uno de los mayores problemas de salud para la humanidad. A principios del siglo XX, este tipo de enfermedades constituían la principal causa de muerte en el mundo. Desde que se aplicó por primera vez el término “vacuna”, por Edward Jenner en 1796, para tratar de poner remedio a la elevada mortalidad que causaba la viruela, la tecnología de vacunación ha avanzado a grandes pasos tanto en eficacia como, sobretodo, en seguridad.

Las primeras vacunaciones y las que la mayoría conocemos, como era el caso de la de Jenner, consistían en poner en contacto directamente al paciente con el virus, haciendo que pasara la enfermedad de forma leve y que, al recuperarse, su cuerpo hubiese creado defensas ante ella. Sin embargo como la viruela (la primera enfermedad con vacuna) tenía la particularidad de que la cepa que afectaba a los humanos era la más grave, no se ponía en contacto al paciente con el virus que nos afectaba, sino que se ponían en contacto con cepas de animales, cuya enfermedad era más leve.

Según avanzó la ciencia y la tecnología se desarrollaron otros mecanismos de vacunación que no implicaban el padecer la enfermedad. Así, se desarrollaron vacunas que consistían en virus muertos o atenuados (inactivos) introducidos al paciente y que le inmunizaban. Dado que introducir el virus completo aún podía presentar un pequeño riesgo de desarrollo de la enfermedad, el siguiente paso consistió en desarrollar vacunas que no estaban basadas en virus completos sino en partes del virus. Así se hacían totalmente inocuas.

El rechazo del gremio “antivacunas” a los avances médicos

Con todos estos avances, se consiguió que las vacunas no solo erradicaran enfermedades sino que además lo hicieran sin poner en peligro al paciente; si bien el porcentaje de afectados por las primeras vacunas era bajo, con los nuevos sistemas ya se hizo prácticamente nulo.

Aun así, se ha seguido avanzando en la tecnología de vacunación y actualmente la mayoría de vacunas consisten en proteínas recombinantes, basadas en proteínas sintetizadas artificialmente que emulan a las del virus real, y de esta forma el sistema inmunitario aprende la forma de la proteína que contiene la vacuna para que cuando se infecte esa persona, su sistema inmunitario reconozca la proteína y elimine el virus. Es decir, ya ni siquiera se expone al paciente al virus, simplemente se usan elementos controlados del germen creados en laboratorio que por sí mismos ya son inofensivos.

Tabla de vacunación en España en 2018

Por tanto, la tecnología empleada en los sistemas actuales de vacunación es completamente segura, siendo extremadamente improbable la aparición de la enfermedad por culpa de la vacuna. Sí es posible, en cambio, que la vacuna produzca determinadas reacciones de hipersensibilidad, como si se tratara de una alergia (los llamados efectos secundarios). Sin embargo, estos síntomas serán pasajeros y poco trascendentes. No obstante, estos casos nada tienen que ver con la enfermedad sobre la que se vacuna

Por eso carecen de sentido las críticas vertidas hacia las vacunas, y más incoherentes son las actitudes “antivacunas” que se siguen en muchos círculos y que están provocando un incremento en la incidencia de enfermedades víricas que ya estaban prácticamente erradicadas y bajo control. La primera vacuna de Edward Jenner consiguió la erradicación de una enfermedad humana por primera vez en la historia humana (la viruela), todo un hito para la humanidad, y el comportamiento de las personas “antivacunas” pueden poner en peligro este logro décadas después.

Los casos de sarampión se disparan en todo el mundo

Un ejemplo es la incidencia del sarampión en Italia, donde ha pasado de estar prácticamente erradicado a provocar 5.000 casos en 2017; el 90% de los afectados no estaba vacunado. En Europa, la OMS (Organización Mundial de la Salud) alertó sobre el incremento de la incidencia de esta enfermedad, concretamente un 400% en los últimos dos años; la misma asociación en Estados Unidos hizo lo propio en 2014 e informó de un aumento del 300% de casos de sarampión en el país.

Y es que el rechazar una vacuna no solo pone en peligro a esa persona, sino que debido a que se rompe la inmunidad de grupo, se pone en riesgo al resto de la población al poner en circulación unos virus que durante siglos fueron causantes de miles de muertes, cuando precisamente ya se tenían controlados, tirando a la basura décadas de avances científicos.

 

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