Festardor 2018: crónica desde una cola esperando

Al escribir estas líneas, los profesionales que cubrimos eventos en vivo seguimos preguntándonos qué demonios ha sucedido durante estos tres días en La Pobla de Vallbona (Valencia), en la celebración de Festardor 2018. Un gran cartel, un precio baratísimo en comparación a otros festivales similares, y un tiempo espléndido a lo que sumó un puente festivo. Los elementos externos y previos estaban más que de cara.

A lo largo de festivales, ferias, congresos y demás fechas en las distintas agendas profesionales hemos encontrado multitud de problemas, decenas de ellos. Unos festivales, en este caso, pecan de unos, o de otros. No existe el festival perfecto. Pero el cúmulo de problemas de Festardor 2018 llevaba tiempo sin ocurrir: desde días antes se venían lanzando acusaciones a la organización sobre la empresa de seguridad (problema bien resuelto); problemas arrastrados de otras ediciones (y no todos ellos culpa de la organización, todo hay que decirlo) y nuevos problemas lógicos de tener a 13.000 personas y no estar preparado para recibirlas.

Las redes sociales crean mucho ruido hoy día. A una publicación de alguien, se pueden recibir decenas de comentarios negativos que no tienen por qué ser ciertos. Siempre habrá quejas, y es importante oírlas, es evidente. Pero lo vivido no son gente haciendo ruido en redes sociales únicamente, sino que lo hemos vivido con nuestros propios ojos. Gente que no pudo entrar en la primera jornada de festival, con su entrada perfectamente en orden, porque, tras cerca de cinco horas de cola, ya había acabado la jornada. Más de tres cambios de horarios de los que solo fuimos notificados mediante una historia de Instagram, lo cual no es un medio para comunicar las cosas. Personas que se perdieron sus grupos porque lo que se había prometido a las 18:15, ya había actuado una hora antes. En resumen: situaciones que aún nos preguntamos qué sentido tienen.

Los artistas, los que dieron la cara ante el “chaparrón”

Los de Marras (por cierto, en una excepcional actuación. Los valencianos están de dulce y fueron de lo más destacado en lo musical) lo definieron muy bien sobre el escenario: “esta organización tendrá que dar muchas explicaciones, ha habido cosas mal hechas, sí, pero quedémonos con lo musical”. Actuaban tras un cambio de horario (otro más de los varios del sábado) para arreglar la ausencia de El Noi del Sucre, quienes el mismo jueves anunciaban que no actuarían por incumplimiento de contrato de la organización (siempre según la versión de la banda).

Desakato

Juancho Marqués

Si nos quedamos con lo musical, estamos premiando el fracaso. Es cierto que lo musical fue más que correcto, con una muy buena organización interna del recinto de tres escenarios y un sonido mejorable, pero aceptable. Pero a esa persona que empezó a hacer cola a las 19:30 del jueves, y fue atendida pasada la medianoche, no se le puede decir que se quede con lo musical. Estamos viviendo una burbuja de festivales en el país y no todo vale. Tener un buen cartel y un precio barato no justifica el tratar a las personas (que también podrían ayudar más, ciertamente) como cifras. Haciéndoles acampar a más de cuatro kilómetros del recinto, no permitiéndoles ver a las primeras bandas (los tres primeros conjuntos del festival tocaron sin público: las puertas no estaban abiertas y faltaban algunas de las pulseras por llegar) u ofreciendo la alternativa de acampar al lado pagando un precio simbólico sin ofrecer los servicios necesarios.

Ayax y Prok

Mafalda

Como buen resumen de todo lo ocurrido, el cierre del festival (en otro nuevo cambio de horario anunciado por Instagram): un dj digno de la pura “ruta del bacalao” valenciana del que Fabrik estaría orgulloso, con más de una decena de personas (aún desconocemos quiénes eran) bailando sobre el escenario mientras la gente salía del recinto, entre estupefacta e indignada (se había prometido un “dj sorpresa”). Un festival de punk-rock no es el sitio para un dj de discoteca techno. O al menos, no el recinto en sí (cada cual, que monte su particular fiesta con lo que quiera).

Intentando encontrar algo positivo

Entre las justificaciones de unos, los comunicados de otros, y los parches para salir del paso, la sensación del festival era de que su ubicación era perfecta: al lado de un colegio. Porque era digno de su patio. Y no es problema únicamente de la organización, sino el todo. Nos cansamos de no saber qué pasa, nos cansamos de este “Sálvame” improvisado, y nos cansamos (también) de que ante unas medidas de seguridad con buen fondo, pero ridículas formas, el público, en muchas ocasiones, no acompañase (quizá como medida ante el hartazgo que se vivía, ya que uno no sabía si reír o llorar).

El Niño de la Hipoteca

El Último ke Zierre

 

Como evento musical que era, intentemos hablar de música. Los afortunados capaces de acampar (con su pago previo, por supuesto) y ver los conciertos punteros del jueves pudieron asistir a un gran concierto de Porretas (en su línea) y a otro más de Desakato (capaces de salvar una mala organización y hasta una fiesta de comunión si hace falta). Los asturianos, a pesar de llevar un alto ritmo de conciertos, siguen estando tan frescos como el primer día. Y es algo que no hay palabras para agradecer. Podríamos hablar de la actuación de Lendakaris Muertos, pero nosotros, como más de la mitad de los asistentes, tampoco pudimos verlos.

De nuevo Los de Marras, lo más coherente dentro del recinto, hicieron en su actuación subir al escenario a Aspart, banda que abrió el festival sin público, para cantar juntos “Hoy”, todo un himno ya del buen rollo que debe predominar en estos lugares. Y es que no queríamos dj’s sorpresa: queríamos lo anunciado. Era tan fácil como, ya que esas bandas tocaron sin público, darles la oportunidad de actuar de nuevo, ahora de verdad y en un horario en el que ya la gente pudiera entrar y salir.

Habrá Festardor 2019. Habrá un gran cartel (que ya están negociando y que incluirá a alguna banda de gran caché). No sabemos si en esta localidad o, de nuevo, en otra más (para variar, ya que nunca se ha repetido ciudad). Y habrá público, porque la memoria es muy selectiva. Pero ahora que se recuerda, la autocrítica es necesaria. Y, a poder ser, no con una historia de Instagram: la gente merece más respeto que eso.

Los de Marras

Talco

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