La escuela de padres

En una sociedad en la que es necesario tener permiso para todo (conducir, portar armas, trabajar, viajar, abrir un negocio, hacer una obra en casa o manipular alimentos), nadie nos pide ningún requisito para la difícil tarea de ser padre. ¿Por qué todo el mundo tiene ese derecho? ¿Por qué no se piden unos conocimientos mínimos que demuestren que se está preparado para serlo? ¿Por qué para todo se pide un carnet y cualquiera parece estar capacitado para una de las tareas más difíciles que se nos presentan en la vida, la de educar a otro ser humano?

Seguro que habréis presenciado alguna vez una escena de un padre y un hijo en la que habréis pensado que el padre no se estaba comportando correctamente. Tengo unos vecinos que se pasan el día gritando a sus hijos, por cualquier cosa, incluso insultándoles.

Cuando quieres aprender a conducir no te dan un coche directamente, sino que debes conocer una teoría, y pasar unas prácticas que evalúen si eres capaz de hacerlo, porque si no lo eres, puedes ser peligroso y matar a alguien. Pero puedes ser padre, incluso sin querer serlo, sin ninguna teoría, ninguna práctica. ¿Eso no es peligroso?

Los conocimientos básicos que debe tener todo padre

Incluso si te casas por la Iglesia te dan un cursillo sobre cómo ser mejor esposo/a, pero ser buen padre no parece ser importante. Al contrario: si quieres ser padre y físicamente no puedes serlo, tienes que formalizar decenas de requisitos para adoptar un niño.

Como implementar un carnet de padre no es muy viable (no vamos a empezar a dar permisos para fecundar), podría haber una escuela de padres a la que ir obligatoriamente antes de tener un hijo. Además, crearía empleo en el campo de la pedagogía y seguramente disminuirían los casos de muertes, malos tratos y agresiones a niños.

Las premisas a impartir en esa escuela serían:

  • Concienciar de que tener un hijo implica una responsabilidad para toda la vida, un cambio de mentalidad, que no se puede devolver si no te gusta. Debes hacerte cargo de él y cubrir todas sus necesidades, no solo económicas. No se puede tener un hijo por razones como “ya toca”, “todos mis amigos ya tienen”, “alguien tendrá que cuidarnos cuando seamos mayores” o “así estoy casi año y medio sin trabajar” (todas ellas razones escuchadas en mi entorno).
  • Hay que conocer cómo funciona el cerebro de un niño. Es importante que los padres sepan los momentos de desarrollo que tienen y los periodos por los que pasará. Todo ello para entender que, cuando con dos años nos monte un espectáculo tirándose al suelo de un centro comercial (dejándonos en evidencia por lo que a nosotros nos parece una tontería), no es que nos quiera dejar en ridículo ni llamar la atención, sino que aún no sabe gestionar sus emociones y su frustración. Igual que los adultos no sabemos siempre gestionar y enfrentarnos a nuestras emociones.
  • Va a aprender lo que ve de nosotros. No lo que le decimos, sino lo que ve. ¿Habéis visto alguna vez a una madre gritar a su hijo para que se calle, y que éste no le haga caso? No puedes gritar para dar ejemplo de que no debe gritar. A un niño se le puede educar sin castigar, gritar, ni por supuesto pegar, aunque sigamos oyendo eso de “a mí me han dado algún cachete y he salido normal”. Habría que ver cómo gestionan todos esos “normales” sus emociones, porque antes no se solía educar esa parte de la persona y la gran mayoría de adultos tenemos notables carencias a nivel emocional.
  • Si queremos hijos que en un futuro sean independientes, maduros, y que tomen sus propias decisiones, aunque vayan a contracorriente, ¿por qué queremos que estén en la escuela callados, quietos, asintiendo a todo si su momento madurativo les pide otra cosa? Es decir, ¿por qué queremos que se adapten a nuestro mundo si somos nosotros los que deberíamos adaptarnos a sus necesidades para que desarrollen todas sus capacidades correctamente?

La naturaleza exploradora del niño

La escuela se debe adaptar a su desarrollo e intereses, no podemos intentar mantener sentados y callados durante cuatro horas a niños de cuatro años. Es nuestra casa la que debemos adaptar para permitirles desarrollar su autonomía. ¿Imagináis vivir en un mundo en el que fueseis de tamaño pequeño y nada estuviera a vuestra altura? Dependiendo siempre de alguien que decide por ti, pidiendo agua si tienes sed, comida si tienes hambre, o un libro si quieres leer, pero si esa persona decide que no es el momento, te quedas sin ello.

Normalmente ellos viven así, no ponemos las casas a su altura, dependen de nosotros pero luego los queremos independientes. Simplemente ponte a su altura para hablar con él, agáchate y mírale a los ojos desde su misma altura, que no tenga que estar siempre mirando para arriba para escucharte, ya que lo interpreta como una posición de poder.

Unas recomendaciones para todos los padres del mundo serían: ponte en su lugar, sé empático, piensa en lo que querías de tus padres cuando eras niño. Y lo más importante, pasa tiempo con él: jugando, leyendo, comiendo, durmiendo, escuchándolo, da igual, es lo que quedará en el recuerdo. El tiempo no vuelve y echarás de menos esos momentos.

Después de todo, ¿te parece mala idea una escuela para antes de ser padres?

Las redes sociales nos hacen asociales

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