La primera arma química usada en la guerra

Uno de los hongos conocidos más antiguos del mundo fue también la primera arma química que se usó en la guerra, concretamente por los asirios. En los campos de batalla de los siglos antes de Cristo, la contaminación de los depósitos de agua enemigos era relativamente habitual entre los contendientes, si bien la falta de una química avanzada impulsaba la “creatividad” de los ejércitos para buscar formas de dañar al enemigo.

En un contexto en que el conocimiento de botánica daba una gran ventaja sobre los enemigos, ya que se usaban plantas alucinógenas o tóxicas, sus parásitos fueron también los parásitos de los guerreros. El cornezuelo es un hongo parásito común que afecta al cereal, sobre todo al centeno, que se usaba entonces para hacer el pan más pobre y barato (el pan negro). Las cosechas contaminadas de los asirios eran aprovechadas para envenenar los depósitos de agua de las civilizaciones con las que estaban en guerra, que sufrían los efectos más leves de la enfermedad del ergotismo.

Cereal infectado por cornezuelo

Tablillas asirias del siglo VII a.C. son las primeras referencias que se hacen sobre la enfermedad, también llamada “fiebre de San Antonio”. En el caso de los asirios, la contaminación de agua daba lugar a fuertes alucinaciones en los soldados rivales y a malestar general. De hecho, proteínas de este hongo acabaron siendo el precursor del LSD que posteriormente se sintetizaría en laboratorio.

El cornezuelo aparecía en cultivos de zonas húmedas en tiempos especialmente lluviosos, y si bien ahora mismo su aparición es prácticamente nula por los pesticidas, hace 2.500 años era una enfermedad sin cura conocida. La forma de tratarla era dejar de tomar la toxina, que era expulsada por el propio cuerpo. En la Edad Media, las plagas de cornezuelo llegaron a matar a más de 100.000 personas en al menos 30 brotes conocidos por toda Europa, llegando a ser su enfermedad tildada de “más grave que la lepra”. Francia, Europa Central y, en menor medida, España, fueron los países con más muertes por ergotismo.

La Orden de San Antonio y el Camino de Santiago

La intoxicación por cornezuelo fue uno de los hechos que dio fama al Camino de Santiago, ya que en determinados siglos hacerlo era considerado la única cura contra la enfermedad. Por supuesto, el enfermo no se curaba por hacer el camino, sino que al hacerlo, dejaba de comer pan contaminado al salir de la zona donde estaba infectado el centeno, por lo que iba mejorando con el avance del camino y, para cuando llegaba a Santiago, se encontraba curado, lo que se consideraba un milagro del apóstol.

Por otra parte, mucha labor, tanto en conocer la enfermedad como en su curación, la tuvo la orden religiosa de San Antonio, dedicada en exclusiva a la curación de los enfermos por ergotismo. Las intoxicaciones por cornezuelo eran tan comunes que llegó a haber hospitales en exclusiva para sus dolencias que gestionaba esta orden, especialmente en la Edad Media donde la población ya se había multiplicado pero el conocimiento de la enfermedad no había avanzado.

El ergotismo, en dosis altas y prolongadas de intoxicación de cornezuelo, llevaba a la muerte dejando además daños muy tremebundos como la pérdida de las extremidades por gangrena. Además de atacar al sistema nervioso, el cornezuelo provoca contracción arterial, que hace que deje de llegar sangre a brazos y piernas. En embarazadas, provocaba el aborto en casi todos los casos, por lo que acabó siendo usado en medicina para provocarlos.

La cura para el “fuego de San Antón”

Ruinas del monasterio de San Antón, Castrojeriz (Burgos) / Foto: Ayto. de Castrojeriz

La Orden de San Antonio era, además, experta en amputaciones, solución a la que se tenía que llegar en muchos casos. En sus hospitales se servía pan de trigo, por lo que los pacientes se recuperaban con una estancia en sus centros, dándoles más santidad si cabe al creer que los curaba el santo. No obstante, los daños provocados ya no tenían remedio, aunque al menos evitaban la muerte. Mientras tanto, los enfermos que seguían en su zona continuaban empeorando al seguir comiendo el mismo pan intoxicado y curados que regresaban volvían a enfermar.

Así se hizo famoso en toda Europa el monasterio de San Antón en Castrojeriz (Burgos), en la ruta del Camino de Santiago y por desgracia ahora en ruinas (solo queda en pie algunos arcos y restos de la planta). En su hospital curaban el “fuego de San Antón”, otro de los nombres que se le daba al ergotismo, y contaban con un xenodoquio (hospital para curar a enfermos que llegaban desde el extranjero) por el que pasaron miles de europeos. Este centro llegó a ser la referencia europea de curación de pacientes de este parásito.

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , .Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Comentarios cerrados.