La quema nazi de libros del 10 de mayo y la cura de la homosexualidad

Este mes se han cumplido 85 años de uno de los mayores ataques a la cultura por parte del Tercer Reich de Adolf Hitler en su resurgimiento: la quema de libros que se llevó a cabo en el centro de Berlín el 10 de mayo de 1933 que arrasó más de 50.000 archivos, muchos de ellos únicos sin más copias, que quedaron reducidos a cenizas.

Llegada de las SA al Instituto de Ciencia Sexual

Para conocer mejor cómo sucedió la pérdida de esos bienes culturales hay que retrotraerse cuatro días antes, cuando miembros de las SA asaltaron el Instituto para la Ciencia Sexual de Berlín ayudados por algunos de los estudiantes partidarios del incipiente régimen y contrarios a las últimas políticas del estado de Weimar que eran más tolerantes con el colectivo LGTB. Todos los archivos que conservaba la institución fueron robados y guardados en cuarteles aprovechando la ausencia del director y fundador del instituto, Magnus Hirschfeld (que estaba dando una charla en Francia. Nunca regresaría a Alemania).

Al igual que los nazis persiguieron a los judíos y a las personas con problemas físicos y mentales, los homosexuales fueron otro colectivo perseguido, especialmente los hombres. Al igual que los judíos debían llevar la estrella amarilla de cinco puntas para identificarse, los homosexuales debían llevar en la ropa un triángulo rosa como una flecha apuntando hacia abajo. No obstante, los nazis intentaron buscar una solución más “pacífica” que con los judíos.

La cura nazi para la homosexualidad

Tener hijos arios era lo más importante en el mundo, y que un hombre con ese aspecto y rasgos germánicos puros fuese homosexual era un insulto, ya que desaprovechaba la genética aria, según el régimen nazi. Y como la natalidad era mucho mayor entre las “razas menores”, era necesario que estos hombres también engendraran. Aunque fuese contra su voluntad.

Identificación que debían llevar los homosexuales en la Alemania nazi

No solo estaba considerada una enfermedad, sino que además hereditaria, por lo que lo primero que intentaron los médicos del reich era eliminar el que ellos llamaban “gen gay”, ya que si un gay engendraba, su hijo también sería homosexual. No pasaba así con las mujeres lesbianas, ya que consideraban que ellas no transmitían el gen. Como en un principio existía ese miedo a propagar la “enfermedad” y no era controlable, a los primeros nazis identificados (siempre arios, los que no lo eran, eran ejecutados o llevados a campos de trabajo o concentración) se les cortaban los testículos o el pene para castrarlos.

Ya en la década de 1940, un doctor en el campo de concentración de Buchenwald consideró que había encontrado la cura mediante un cóctel de hormonas masculinas que aumentaba radicalmente el nivel de testosterona. Al principio se daba en forma de pastillas a los hombres homosexuales, pero ante la falta de resultados, se acabó inyectando en la ingle incluso varias veces al día. Los “pacientes”, cansados de estos experimentos, aseguraban que estaban curados para evitar seguir siendo “conejillos de Indias”, lo que llevó al reich a pensar que realmente había encontrado la cura.

La tolerancia hacia el colectivo LGTB antes de Hitler

En la república de Weimar, en comparación con otros países europeos, la tolerancia hacia el colectivo era bastante alta. A finales del siglo XIX aún era ilegal y un delito, pero esas normas se fueron relajando tras la I Guerra Mundial, algo que a su vez no gustaba a la derecha germana que consideraba esa tolerancia “una debilidad”.

Así, por ejemplo, en 1930 las parejas homosexuales declaraban su amor con toda naturalidad sin temor a represalias. No se puede comparar ni mucho menos con la situación actual, pero era una mejoría exponencial a las décadas anteriores. Así se fundó el Instituto para la Ciencia Sexual, una entidad privada dedicada a conseguir la mayor normalidad del colectivo LGTB en la sociedad alemana. Y no había ningún problema, hasta la radicalización progresiva de Hitler.

Libros incautados del Instituto de Ciencia Sexual, antes de su quema

Para el Führer, estos hombres no eran útiles siquiera en el frente como soldados ya que los consideraba débiles. Sin posibilidad de ser soldados y sin engendrar buenos hijos arios, los veía como parásitos para su sociedad, aunque unos parásitos que se podían “reeducar”. Miles de mujeres, cuál ejército, fueron contratadas para acostarse con estos hombres y “reconducirlos”; recibirían una recompensa por hombre que “abandonase las prácticas homosexuales”. Si lo hacían, eran aceptados en la comunidad sin mayor problema, siempre que asumiesen su función en la vida de engendrar hijos puramente arios.

En aquella quema de archivos, todos los bienes del instituto fueron quemados junto a otros libros y obras que, según las SA, eran de dudoso gusto o “degeneradas”. A esta quema de libros le siguió, días después, el cierre de bares y lugares de encuentro de la comunidad y la creación de listas de homosexuales a seguir y curar, acabando incluso con la muerte de dirigentes nazis como Ernst Röhm (ministro del primer gobierno de Hitler) o Karl Ernst (líder de las SA).

 

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