La Unión Europea de primera y de segunda

602 personas saltaron en una hora la valla de Ceuta desde Marruecos. 1.451 personas repartidas en casi cien embarcaciones, hinchables y pateras han sido recogidas en un fin de semana en el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, procedentes de varios puntos del Magreb buscando llegar a España. En Grecia, el conteo de muertos por los incendios cerca de Atenas va por 91 con cerca de 30 cadáveres aún por identificar y 25 desaparecidos.

Todo esto, mientras la Unión Europea ni se manifiesta, ni está, ni se le espera. Que Bruselas no actúe ya es algo que no pilla por sorpresa pero que ahora mismo, en un estado evidente de necesidad por parte de lo que se presupone es una coalición de países para ayudarse mutuamente (en teoría), es cuanto menos vergonzoso. Todo ello mientras Italia cierra sus fronteras portuarias, tomándose la justicia por su mano a la hora de decidir qué hacer con el problema de la inmigración.

Gasto del presupuesto de la UE / Fuente: datos oficiales

¿Para qué sirve la Unión Europea, si en situaciones extremas no actúa? Es la pregunta que personalmente me hago. Ante determinados problemas, la UE considera que son asunto de todos sus miembros, pero cuando determinados países tienen que hacer de “dique de contención” ante la inmigración masiva (para no entrar en España y a posteriori en los demás países), es problema de esos países. Siendo así, lo mejor que podríamos hacer es permitir todo acceso al país y que Schengen (la libertad de movimiento entre países) haga el resto. Pero cuando esta inmigración llega al centro de Europa (véase los refugiados sirios e iraquíes que llegaban a Alemania), ya se dedicaron a llegar a un acuerdo de la vergüenza con Turquía para que se quedase con los inmigrantes a cambio de una buena suma de dinero.

¿Qué hacemos en el Mediterráneo?

Ahora, la Unión Europea ofrece a España dinero para pagar a Marruecos y Túnez para controlar en origen la llegada de estos migrantes, concretamente 30 millones de euros. A su vez, Marruecos ha hecho una lista de los elementos policiales, militares y disuasorios que necesitaría para “reducir” la llegada de inmigrantes a España. La factura, 60 millones de euros (solo para Marruecos) que no aseguran nada, en lo que parece un chantaje de mal gusto. Por ese dinero, los gendarmes marroquíes “limpiarían” los montes de alrededor de Ceuta y Melilla de personas a la espera de saltar la valla por un tiempo (no se sabe cuanto).

Foto: Organización Internacional para las Migraciones

Viendo la pasividad de la Unión Europea, que con el problema ya en el punto más álgido posible por fin aparece para ofrecer dinero sin más y no ofrecer medidas reales y conjuntas, uno entiende por qué Italia se ha cerrado a todos estos barcos: no es solidario, pero menos lo es lo que se hace desde Bruselas. Su cierre ha intensificado estas llegadas a Malta y a España.

Si llegan a Alemania, Bruselas se mueve, pero sobre los del Mediterráneo aluden que es problema de cada uno de los países individuales. No es nuevo que la UE no ayude en asuntos clave, de hecho ya es algo demasiado común. Estamos unidos solo cuando le interesa a Alemania. Creamos una moneda única que iguala más los poderes adquisitivos y se acaba convirtiendo en una subida de precios enorme para los países menos desarrollados de aquel momento (recordamos el paso de las cien pesetas al euro, pero a la hora de hacer la conversión de los salarios, se respetó hasta el céntimo). Al final, llevarán razón los que dicen que en una III Guerra Mundial no se disparará ni una bala, sino que se hará a través de la economía.

Los incendios de Grecia

¿Qué clase de unión es la Unión Europea, que en un caso de emergencia nacional de uno de sus miembros sin medios para atajarla, lo dejan a su merced? Así ha pasado con Grecia y los incendios cerca de Atenas que han dejado casi un centenar de muertos. No es que no se haya ofrecido ayuda en el momento, sino que ya pasado el drama, ni para identificar los cuerpos o dar ayuda a la gente que lo ha perdido todo se ha movido la UE. Tampoco ayuda que el propio presidente griego, Alexis Tsipras, haya tardado una semana en ir siquiera a la zona (si el propio presidente se comporta así, para quejarse a otros está la situación…).

Se pueden discutir muchas cosas de Grecia: si se ha sido demasiado duro con ellos en la crisis económica, si se han merecido grandes sanciones por falsear directamente las cuentas nacionales entregadas a la UE (como hicieron) o incluso si era o no un país preparado para entrar en la UE (en 1981, antes incluso que España) y en el Euro. Pero esos debates están bien para después, si un país es miembro, independientemente de sus circunstancias, lo es para todo. Y ello conlleva que ante una catástrofe natural de ese calado y la falta de medios para controlarlo, la UE se volcase en enviar ayuda humanitaria. Como no ha hecho: de nuevo las ONGs, como en el Mediterráneo, han hecho el trabajo de los entes públicos.

Foto: Agencia EFE

Algunos países a título propio sí lo hicieron. De los primeros España, con dos aviones Canadair la misma noche de los incendios con capacidad para soltar 11.000 litros de agua. Italia, Bulgaria, Polonia, Portugal y Alemania también mandaron ayuda y recursos. No solo países de la Unión Europea, ya que Rusia e Israel mandaron medios para apagar el fuego. Por parte de la UE, una llamada de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea: eso fue todo.

Cuando uno ve esas cosas, ve a más de 750 europarlamentarios en Estrasburgo, a cargos europeos que no tenemos ni idea de para qué sirven (los que no somos expertos), entiende al Reino Unido; se entiende el Brexit. Eso no quiere decir que se apoye, pero se entiende. Evidentemente no en la posición de España cuyas carreteras, por ejemplo, están pagadas en su mayor parte con los fondos europeos a partir del ingreso de nuestro país en la UE, pero sí desde el prisma de un país rico, que conserva su propia moneda, al que la balanza de pago siempre le sale a pagar y que ve cómo tiene más relación con los Estados Unidos que con sus vecinos de 100 millas al sur. Deben sentirse como el “tonto útil”, que paga mucho y pinta poco. Con argumentos así y con las actuaciones de la UE, los escépticos con la Unión no dejarán de crecer. ¿Unirse? Sí. Pero no así.

 

España debería obligarnos a saber hacer la RCP

 

Etiquetado , , , , , , , .Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *