Las drogas y la familia

Todos sabemos lo que son las drogas y aunque no se haya estado en contacto con ellas, siempre se conoce a alguien que las consume o lo hizo alguna vez. Esta adicción es una enfermedad crónica (incluso ya desintoxicados). Algunas drogas no tienen efectos nocivos inmediatos sino que actúan y crean los mayores daños a lo largo de los años.

Cuando yo era pequeña tenía a mis padres, no teníamos una gran casa ni siquiera era nuestra era de alquiler. Era un barrio obrero más de una gran ciudad, pero aún así éramos felices. Un día mi padre, después de estar conmigo muchos meses en casa encontro trabajo y empezó a trabajar. Aquel día volvió muy tarde del trabajo y no sé por qué vino tambaleándose, incapaz de mantener el equilibrio. Mi madre lo cogió, lo llevó al baño y lo metió en la ducha, mientras yo, tras un hueco que había en la pared, veía todo, pero no entendía nada… Esa fue la primera vez.

En cuanto me desperté fui a su cama y mi padre me dijo que me fuera a mi cuarto a jugar, que le dolía mucho la cabeza. Yo pensé: “ya sé por qué no quiere volver al trabajo, le da dolor de cabeza”. Por la tarde mi madre me llevó al parque. Estuve jugando con mis amigos pero había algo en su cara que me parecía raro, no estaba contenta, la notaba triste. Aquella noche vimos una película los tres: me sentía bien entre los dos, me abrazaban como a un peluche y aunque me asfixiaban un poco, me gustaba. Mi padre esa noche durmió conmigo, decía que era como una pequeña estufa. Mi madre ya no iba a trabajar se quedo en paro y  se quedaba conmigo, aunque me gustaba estar con la señorita Gladis por que me daba piruletas, yo prefería estar con mi madre. Ella todos los días hacia la comida para los tres, y cocinaba muy bien, aunque las lentejas no me gustaban. Mi padre habitualmente venía con mucha hambre y con los ojos rojos; yo le preguntaba si alguien le hacía llorar o si se burlaban de él, pero él me lo negaba y le salía una ligera sonrisa.

 

Llegó el día en el que mis padres se casaron. Yo me sentía una princesa con mi vestido rosa carmesí y con una diadema que tenía una rosa preciosa. En la boda todo el mundo felicitaba a mis padres, me cogían en brazos, me lanzaban por los aires, me sentía la niña mas feliz del mundo.

Pero algo cambio en momentos, necesitaba ir al baño y no encontraba a mis padres. Mi tío me llevó y cuando salimos estaba mi padre fuera; le grité desesperada y el me cogió en brazos y vi que tenía algo parecido a sal en la nariz. Le dije: “papá, echarse la sal encima da mala suerte” mientras con el dedo le quité la sal y la iba a chupar. Me cogió el dedo y me echó una bronca como si hubiese roto su cámara favorita; sin entender nada me fui llorando junto a mi madre. Después de ese momento mis padres no paraban de discutir a diario. Yo pensaba en si había hecho algo mal.

Un día, mi padre se despidió de mí diciéndome que se iba a un sitio de vacaciones “a hacer un proyecto con unos hombres”. Le pedí que, por favor, no tardase mucho, y le di mi manta de la suerte para que no pasase frío por las noches. Pasaron unos meses hasta que pudimos ir a esa casa a ver a mi padre. No me gustaba el sitio, tenía barrotes, era toda blanca y había gente armada. Allí estaba mi padre y es lo que importaba. Le vi más guapo, un poco más gordito y con una sonrisa al vernos que no se pagaba ni con todas las piruletas que me pudieran dar. Esa tarde volvió con nosotros a casa, y todo volvió a la normalidad. Mi padre antes de todo esto me venía a buscar siempre al colegio y al salir visitábamos a mi tío por que nos quedaba de camino. Pero desde que mi padre vino de ese proyecto no habíamos vuelto. El sábado mi madre nos invito a cenar una pizza fuera de casa y en el restaurante estaba mi tío. Hacía mucho que no le veía, yo fui corriendo a saludarle pero mis padres no se comportaban como siempre con él. Ni mis primos ni yo entendíamos nada pero al final cenamos todos juntos. Esa noche me quedé en casa de mi tío a dormir porque habían comprado la película  y tenía muchas ganas de verla. De repente me desperté con los llantos de mi tía. Fui corriendo a ver que pasaba y vi que estaba mi tío tirado en medio del baño, con la boca llena de una especie de espuma que parecía jabón, pero no sabía muy bien qué era.

Rápidamente vino mi padre y nos sacó de allí a todos los niños.

Ahora que tengo 20 años más entiendo todo lo que pasaba, todo lo que estaba a mi alrededor y yo no me daba cuenta. Mí tío murió esa noche de sobredosis. Fue una noche que me marcó para siempre aunque en ese momento no sabía lo que ocurría siempre supe que me ocultaban algo.

No se sabe lo que las drogas te pueden hacer, pero en un momento vienen y te quitan todo de golpe.

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