Las fobias que nos rodean a diario

Hablemos de fobias, esos miedos que muchas veces no tienen un sentido racional y no sabemos de dónde vienen, pero que pueden crear verdaderos problemas (especialmente de ansiedad) a quienes las padecen. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define fobia como “trastorno de salud emocional o psicológica que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos, animales o situaciones concretas”.

Hay miedos racionales que no tienen por qué ser una fobia. Por ejemplo, podemos tener miedo a cruzar la calle (agirofobia) porque nos pueden atropellar, algo relativamente lógico. El límite viene cuando ese miedo no nos permite hacerlo y modifica nuestra conducta, cuando toma el control de nuestra vida y nos afecta, dejando de ser una mera anécdota para ser un problema a tratar con un especialista.

“It”, de Stephen King, explota la ‘coulrofobia’, la fobia a los payasos

Prácticamente toda la población tiene miedo a algo. Muchos empiezan desde niños con el clásico miedo a la oscuridad (nictofobia), que se suele pasar cuando se es adulto, o miedos más específicos y raros como a los payasos (coulrofobia) o a las muñecas de porcelana (pediofobia). No obstante, la mayoría aparecen cuando somos adultos, como el clásico miedo a las arañas (aracnofobia) que tanto se ha explotado en el cine.

Los traumas son los mayores causantes de fobias futuras

Aunque aparezcan de adulto, todo miedo suele tener detrás una mala experiencia o un trauma, no necesariamente vivido por nosotros: visto en televisión, contado por alguien, etc. Tampoco es raro que estas fobias deriven en otras (generalmente parecidas). También existen las fobias transitorias, la mayoría encadenadas por el estrés y la ansiedad, y que suelen ocurrir en entornos sociales (la llamada “fobia social”, por ejemplo); algunas se acaban yendo con el tiempo mientras otras llegan para quedarse.

La aracnofobia es un clásico ejemplo de fobia simple, que son las que se dan hacia un objeto, animal o situación muy concreta. Las verdaderamente problemáticas por las complejas, que son las que no permiten llevar una vida normal. Las más comunes dentro de esta categoría son el miedo a sitios abiertos (agorafobia), a los espacios cerrados (claustrofobia), el miedo a caminar (ambulofobia), el miedo a la lluvia (ombrofobia) o el miedo a estar solo en casa (ecofobia).

Fobias existen tantas como imaginemos, no hay límite. Las hay bastante absurdas, como por ejemplo a las palabras largas (hipopotomonstrosesquipedaliofobia), miedo irracional a atragantarse (fagofobia), a dormir (somnifobia), al número 666 (hexakosioihexekontahexafobia), miedo a las conversaciones de la cena (deipnofobia), a ver un pene (itifalofobia), a sentarse (catisofobia), al queso (turofobia) o tener miedo a volverse loco (agateofobia).

Las fobias controladas pueden ser hasta divertidas

De muchas de estas fobias se han alimentado también los miedos de la cultura popular, como hemos podido ver recientemente con el estreno de la película “It”, basada en el libro de Stephen King, que explota ese miedo a los payasos. Y es que tener un miedo (siempre que sea controlado) no es óbice para disfrutar del sufrimiento (controlado) que se experimenta.

Por último, nos podemos ir al caso extremo de una persona que tenga fobia a prácticamente todo (evidentemente, un caso imposible de suceder) y podemos ver el sufrimiento de vida que sería: independientemente de la fobia ya a estar en la cama, a dormir, o a estar en casa, todo empezaría con el despertador de la mañana (fonofobia: miedo a determinados sonidos independientemente de su intensidad), te levantas (estasifobia: miedo a estar de pie), vas al baño (urofobia: miedo a la orina o a orinar), te vistes (vestifobia: miedo a la ropa) y vas a trabajar (ergofobia: miedo al lugar de trabajo).

¡Cuidaaaaaao!

Para ello bajas al garaje, montas en tu coche (claustrofobia), y te dispones a conducir (amaxofobia: miedo a conducir). Como vemos, en unos minutos esta persona habría pasado por cerca de una decena de fobias que, en caso de ser graves, le requerirían inminente ayuda profesional y probablemente su internamiento en alguna institución de salud mental.

Sin embargo, hablando de fobias, nos quedamos con una de las más particulares que podemos encontrar: la papafobia, que es el miedo a la figura del Papa. No obstante, es un miedo que será fácilmente asumible ya que no será lo más común encontrarte en tu día a día con el Papa Francisco, ¡aunque por si acaso será recomendable evitar las visitas al Vaticano!

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