Los videojuegos y su influencia en la vida infantil

Siempre he estado relacionado con el mundo de los videojuegos desde muy pequeño y he podido vivir su crecimiento como industria. Para darse cuenta de su importancia hoy día, es el pilar más fuerte del sector audiovisual actualmente desbancando a los clásicos sectores culturales del cine y la música. Su crecimiento ha sido exponencial hasta llegar, en 2017, a facturar 98.767 millones de euros en todo el mundo.

Facturación mundial de la industria del videojuego / Fuente: EAE Business School

Siendo el sector más importante de la industria cultural y del entretenimiento, es inevitable que aparezcan detractores y críticos con un campo que se ha abierto de forma tan repentina. Por eso, podemos hacernos una idea (evidentemente generalizada y subjetiva) de lo que pueden pensar los diferentes estratos de la sociedad sobre el mundo de los videojuegos y, sobre todo, cuando tienen que ver con niños o jóvenes, que entran en contacto con ellos ahora más jóvenes que nunca a través de tablets y smartphones.

¿Qué piensan los padres?

Se pueden encontrar opiniones muy dispares, pero probablemente la respuesta dependerá de las horas que el niño dedique a los videojuegos. Aquí los padres juegan una parte fundamental: desde mi punto de vista, los padres nunca tendrían que prohibirlos sino utilizarlos como premio. En mi caso mis padres me limitaban los videojuegos a una hora diaria: en vez de ver la televisión (aquellos tiempos en los que era necesario un televisor para jugar a una consola… ) jugaba, y siempre, después de hacer los deberes.

Otro punto importante es que mi padre se interesaba por lo que jugaba: o me veía jugar o jugaba conmigo. De esta manera dejaba de convertirse en una actividad aislada para ser una actividad grupal. No era una forma de “aparcarme” delante de la televisión y que no molestase, ni tampoco tenía acceso a jugar a cualquier juego, cosa que muchos niños sí tienen actualmente.

¿Qué opinan los psicólogos?

La mayoría de los investigadores y psicólogos adoptan la idea de que jugar no es nocivo y ni mucho menos influye negativamente en nuestra forma de pensar y actuar. Donde sí coinciden es en que hay mucho miedo, a la par que confusión, por parte de padres y profesores, surgida por el desconocimiento probablemente. Varios estudios aprueban que los juegos mejoran capacidades como la multifuncionalidad, desarrollo del pensamiento rápido, mejora de la creación de estrategias y la anticipación entre muchos otras habilidades.

Un juego puede ser un aliado más en el aprendizaje de un niño: un juego de fútbol puede hacerle aprender las banderas de los distintos países o un juego de tipo puzzle le hará mejorar su visión espacial.

¿Qué piensan los niños?

En este caso voy a hablar de mi experiencia. Mi primera videoconsola fue la Mega Drive II y me la regalaron con 8 años.

Mega Drive II: mi amor de juventud

Desde el punto del vista de un crío, lo único que quería era jugar. Si mis padres no me controlaban, me metía tanto en el juego que llegaba a perder la noción del tiempo. Este sí que puede llegar a ser un problema. De ahí que mis padres, en vez de prohibirme jugar, me limitaran el tiempo a una hora diaria y con las tareas hechas. Lo que en principio parecía un problema, mis padres supieron darle la vuelta y convertirlo en una ventaja.

Los niños también tienen estrés en diferente medida y magnitud que los adultos. Entre el colegio y los deberes (era de los que tardaba una eternidad en terminarlos), estaba deseando que llegase el momento de entrenar con mi equipo de fútbol o de jugar a la videoconsola: era una manera de desestresarme como cualquier otra, solo que de pequeño no tienes esa capacidad de raciocinio y autogestión para hacerlo de otra manera.

Con todos los puntos de vista sobre la mesa, podemos sacar conclusiones. No hay teorías que respalden que los videojuegos puedan influir de ninguna manera en una conducta agresiva para quien lo juega, sea niño o adulto. Cada año la industria de los videojuegos va creciendo pero no los asesinatos, no hay relación entre ambas cosas.

Los videojuegos acaban formando una parte fundamental en el desarrollo de la manera de pensar del individuo que los juega. Por propia experiencia, los videojuegos me han inculcado un afán de superación que no podría haber alcanzado con otra cosa. Educan perseverancia y no dejar las cosas a las primeras de cambio. A medida que vas avanzando un juego, se va tornando más y más complicado teniendo que emplearte al máximo, siendo más creativo con tus acciones e incluso cambiando el plan establecido a mitad del nivel. Esto se ha grabado en mi ADN haciéndome una persona constante, perseverante  y sobretodo sabiendo que para poder triunfar en algo se necesita dedicación, esfuerzo y no tener miedo a fallar.

Hoy en día los videojuegos han pasado a otro nivel, utilizándolos como lugar para aislarse o para reunirse unos amigos con la diversión de un mundo digital. Y si soy sincero, hablar todos los días con tus amigos crea un lazo de amistad mucho más grande que el que se pueda tener en esta sociedad que va acelerada y sin frenos. Es una conducta muy social, simplemente que en vez de vernos cara a cara lo hacemos a través de un micrófono y auriculares.

Hay que ver más allá de que el jugador es una persona que se mete en su habitación a disfrutar de un mundo virtual pudiéndole causar comportamientos antisociales. ¿Qué niño tiene más riesgo de tener un comportamiento antisocial, el que está jugando con sus amigos a través de un ordenador o el niño que se pasa 5 horas en su habitación practicando piano? Todo, en su justa medida, es bueno. Con el control necesario por los padres, estando ahí para interactuar con ellos, un videojuego puede ser tan educativo como una sesión con el mejor de los pedagogos.

 

La escuela de padres

Tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *