Mi primera experiencia en un festival de música

Había ido a muchos conciertos, pero nunca a un festival de tres días. Para abrirme a esta experiencia, elegí Viñarock, uno de los mayores del país. Siempre había oído hablar de ese festival, pero nunca había ido: mi ambiente de amistades no es muy afín a ese tipo de música y me daba “respeto” ir sola. Hasta el pasado año cuando convencí a dos amigos para ir.

Compramos la entrada y planificamos todo, pero nuestro amigo decidió al final no ir cuando era el encargado del transporte y de la tienda de campaña. No nos sorprendió, ya que siempre ponía problemas para concretar el plan, así que empezamos a desarrollar el plan b, buscando tiendas de campaña y cómo viajar.

A pesar de nuestras dudas, sabía que era necesario afrontar esta experiencia aunque pareciese una locura. Así, un día, en el trabajo, hablando con un compañero que también iba a ir, me habló de gente que también iría. Me alegró saber que no estaría sola. Después, me puso en contacto con un foro formado por personas que, en su mayoría, iban solas, y se reunían para, precisamente, asistir con gente.

Gente que en su mayoría no se conocían de nada montaban un campamento y prestaban su ayuda, su “cobijo” de neopreno, su sitio (que si llegas tarde es difícil colocar). Un grupo con 87 personas, un colectivo donde si eres extrovertido, es fácil encajar rápidamente.

Rápidamente detectas gente con la que simpatizarás más y con la que menos, y, sin darte cuenta, llegas a hablar de tu intimidad con personas que no conoces, por lo que al principio tienes que incluso controlar lo que hablas. Dentro de ese grupo ya teníamos un “subgrupo” hecho antes de ir, algo habitual en mí. Al final, con tanto hablar y tanto entusiasmo, no me di cuenta de que estaba sin tienda y sin transporte.

Cómo llegar

La gente ofrecía su coche para ir, y aunque me daba un poco de vergüenza, seguí adelante. Una persona se ofreció a llevarme y otra me ofreció su tienda de campaña porque era muy grande. Tanta amabilidad era sorprendente. Cuando llegó el día, me monté en aquella furgoneta/caravana mitad nerviosa y mitad sorprendida por la cantidad de cosas que llevaba.

Tras seis horas de viaje, llegamos de madrugada. A pesar de la hora, la gente estaba de fiesta, y nos recibieron con cerveza (alguna incluso de más). Enseguida empezamos a conocer gente, aunque ese día dormimos en la caravana porque era tarde para montar la tienda de campaña.

A la mañana siguiente estaba entusiasmada por conocer en persona a la gente con la que llevaba hablando semanas. Al despertar y llegar al campamento, pudimos ver cuán grande era todo: un gran espacio ocupado por decenas de tiendas donde unos comían, otros bebían, hablaban, etc. Tras las presentaciones, me sorprendió que no importaba la edad ni procedencia de nadie, habiendo gente de todas partes y edades. Entre otros pude conocer a Aitor, el chico que me dejaba la tienda para pasar la noche.

 

El primer contacto

Buscamos a mi compañero de trabajo (quien me descubrió a este grupo de gente). Aitor se vino con nosotros y estuvimos hablando todo el camino hasta que olvidamos lo que buscábamos. Así llegó la noche y empezaron los conciertos, el primer día con bandas que no conocía. Y a pesar de ello, me lo pasé como nunca sin necesidad de conocer nada, simplemente viviendo ese ambiente.

Aquella noche estaba deseando quedarme horas hablando en la tienda con Aitor. Era como un soplo de aire fresco, me sentía muy bien charlando con él, pero mi amiga quería dormir en la caravana, más a resguardo del mal tiempo y el frío. A mí no me importaba porque Aitor había arreglado la tienda para que no entrara el aire y cerrarla mejor.

Definitivamente dormimos en la caravana (y tengo que reconocer que mejor, con un colchón de verdad, más parecido a una casa). A la mañana siguiente me escribió Aitor para desayunar con él y ahí conocí a otros tantos miembros de ese inmenso campamento. De día estuvimos en la tienda de Aitor huyendo del mal tiempo, compartiendo historias. Con el paso del tiempo y un tonto juego por medio, Aitor y yo nos dimos un beso.

Por la noche, fuimos solos a un concierto. Fue increíble la sensación de escuchar y ver de cerca a un grupo que te encanta. Saltar, gritar… son sensaciones que no se pueden describir para el que no las ha vivido. El recinto era increíble, con cuatro escenarios, enorme y muy bien organizado, con mucha gente trabajando para atenderte rápido y con muchos puestos de comida que me sorprendieron en un evento así.

También me sorprendió cómo la gente del pueblo pone sus casas a disposición de los asistentes para comer caliente o quien quiera ducharse (aprovechando también para ganar un dinero extra, haciendo su agosto particular).

El festival duró tres días que me parecieron como tres semanas, una experiencia que no se puede describir con palabras. No solo porque conocí a Aitor sino porque conocí a unas personas increíbles que, hoy día, son mis amigos. A pesar de ser cada uno de una ciudad diferente, mantenemos la relación y nos seguimos viendo. Estoy muy agradecida al grupo que me acogió, no solo porque me dio un sitio donde estar sino porque me sentí como en casa en un lugar donde jamás había estado. Solo tres días, pero muy intensos.

 

 

¡Ya tenemos los horarios de Viñarock 2018!

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