Parafilias y sordidez

En este mundo inmenso y diverso pueden existir millones de cosas que te atraigan y llamen tu atención, pero si hay un denominador común bajo el que se puede englobar a toda la humanidad independientemente de origen, sexo, raza o religión es la libido sexual, algo biológico a los seres humanos que llevamos dentro el espíritu y objetivo de reproducirnos (ya sea en mayor o menor medida). Y es que el sexo es parte de nosotros.

Un tema que hace unos años era un tabú, también por la mayor fuerza del pensamiento religioso y la represión del franquismo, ahora con la explosión de redes, medios y la libertad cultural prácticamente mundial es mucho más natural: hay mas sex shops, que a su vez la gente habitúa ver sin ninguna timidez, lo hablamos en nuestro ámbito sin el temor a que piensen mal de nosotros, etc. La expresión de un acto natural y hermoso según con quien se practique no requiere ya de esa autocensura o censura social sino que se puede hablar como un tema más, con la importancia de la comunicación de las parejas. Porque si se dominan los gustos del contrario, es una experiencia increíble.

Dentro de esos gustos, la gran mayoría de personas suelen compartir su gran mayoría, pero a la vez, tienen su propio fetiche o sus propias particularidades. Y aquí nacen las parafilias: ese punto donde placer y sordidez se unen para ofrecer experiencias desde extrañas hasta, a vista de la mayoría de personas, extremadamente desagradables.

De comportamientos inusuales o perversiones

Una parafilia es una conducta intima donde el placer se obtiene de una manera inusual, un comportamiento sexual donde predominan objetos, situaciones, actividades e individuos, digamos, “atípicos”. La Asociación Estadounidense de Psiquiatría, en 1987, eliminó el término “perversión” del DSM (Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales) y desde esa fecha se refieren a estas conductas como “parafilias”.

Son inofensivas hasta cierto punto, si bien algunas de ellas pueden ocasionar daños físicos e incluso psicológicos dependiendo de cómo se haga uso de ellas y del nivel de aceptación que presenten en la otra persona. No se sabe con certeza de dónde vienen, pero los expertos mentales consideran que nacen de experiencias o situaciones de la etapa infantil del individuo.

No obstante, es en la adolescencia, cuando nuestras hormonas sexuales “despiertan” y somos esclavos de nuestros deseos más primarios, donde se empiezan a descubrir, si bien no se suelen llevar a cabo por la inexperiencia del sujeto así como por el miedo social. Con una edad más adulta, se desencadenan las prácticas de estas experiencias que se salen de los marcos convencionales.

Desde una manía hasta placeres “prohibidos”

Se puede pasar por la asfixiofilia (placer por el estrangulamiento independientemente de hacerlo o recibirlo) o el fetichismo (excitación los objetos inanimados como los tacones, los uniformes, o partes del cuerpo como los pies) hasta el sadomasoquismo que tanto destacó la saga “Cincuenta sombras de Grey“. Son las más comunes, más de la mitad de la población las tiene y suelen ser inocuas.

Pero las más raras son a su vez las más desagradables: tenemos la necrofilia (atracción por los cadáveres y personas muertas), la consuerofilia (placer por coserse o realizarse suturas en el cuerpo. Este tipo de prácticas suelen empezar por partes del cuerpo menos dolorosas y peligrosas y suelen ir incrementando su actividad hasta incluso llegar a poner en peligro su vida) o la hierofilia (placer sexual procedente de personas u objetos sagrados o religiosos).

Sin embargo, las dos “ganadoras” en este ámbito son la urofilia y la coprofilia, que nacen más de una mentalidad humillante y degradante que del propio acto en sí. Al hablar de la urofilia (u ondidismo) hablamos de la “lluvia dorada”, práctica sexual de recibir orina de otra persona y que ya se practicaba en la antigua Grecia. Por su parte, la coprofilia es la excitación conseguida por excrementos o heces, atracción por observar a una persona defecando o por defecar ellos mismos. En este caso, se cree que procede de ámbitos biológicos antiguos, ya que en algunas especies de simios esta práctica permanece a pesar de ser de lo más desagradable para la mayoría de mortales.

 

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