Pirata Rock: 35.000 asistentes en otro festival que será grande

El Pirata Rock de Gandía acaba de celebrar su segunda edición el 19, 20 y 21 de julio, y ya tenemos un nuevo festival en el que fijarnos en los próximos años, con 35.000 asistentes a lo largo del fin de semana que pudieron disfrutar de la música más festiva de mestizaje así como de la playa gandiense y la costa levantina.

El cartel prometía mucho con artistas como Juanito Makande, La Pegatina, conjuntos de rap como SFDK o Ayax y Prok y bandas de rock como los valencianos Los de Marras y los locales La Raíz (en su último concierto en su ciudad antes de su retirada), en un festival muy completo donde, aunque predomine el ska y el rock con tintes más rumberos y canallas, se pudieron escuchar música de todos los estilos. Un evento que a pesar de contar con solo dos ediciones ya ha conseguido ser de los festivales nacionales que más asistentes ha movido este verano, al que aún le queda crecimiento y que basa su éxito en las vacaciones que muchas personas disfrutan por la zona.

Muy a destacar, aprendiendo de la organización y errores de otros festivales del estilo, son sus instalaciones, cuidadas al detalle. Aunque ello acarree algunas molestias más, como por ejemplo no poder introducir en la zona de acampada (muy bien instalada, al contrario que en muchos otros festivales) vidrio ni latas, mal necesario del que debemos concienciarnos para respetar el lugar y mantenerlo cuidado. El entorno debe sufrir lo menos posible en los grandes eventos donde todos queremos pasarlo bien.

Cómo aguantar un festival al sol en pleno mes de julio

Dentro del recinto de la acampada se podía encontrar una zona de sombra natural, otra de sombra artificial creada por toldos, y luego estaba la “acampada libre” sin normas explícitas y sin sombra, aunque no obstante la propia organización te indicaba dónde situarte a lo largo de pequeñas parcelas divididas al estilo de festivales como el de Benicàssim. Por contra, espacio muy pequeño (4.200 personas de capacidad) para recibir a todos los asistentes: es difícil entender cómo pudieron asistir 35.000 personas (cifras de la organización) y en el camping solo estuvieran 4.200. También destacar la falta de más servicios como baños, quizá fruto de la afluencia superior a la esperada, aunque también hay que decir que los servicios disponibles tenían una grandísima calidad: baños limpios y aseándose en todo momento y reponiéndose todas las necesidades. Algo que ya le gustaría mejorar al mismísimo Viñarock y macroeventos del país.

Además, en la propia zona de acampada se dispusieron diferentes puestos de comida tanto como italiana, tailandesa, arrocería, bocatería, etc., que funcionaban las 24 horas del día, así como un pequeño supermercado puesto para la ocasión con precios similares a los de un establecimiento al uso, una gran idea.

Ante el insoportable calor de todo el día y el sopor de las temperaturas por encima de los 30ºC desde bien temprano, las mejores alternativas eran ir a la playa con una línea de autobús puesta por la organización con un horario casi ininterrumpido, o un pequeño lago situado en la acampada que era muy acertado, así como visitar las piscinas municipales de la zona. El servicio en las barras dentro de la acampada sí era bastante lento (quizá otro ejemplo de no dar abasto) con esperas larguísimas para conseguir cualquier producto, algo que provocó numerosas quejas.

El pago, como otros festivales están incentivando, era mediante pulseras electrónicas inteligentes que recargabas de saldo previamente, una solución muy ágil y útil que pudimos ver por ejemplo en el Alterna Festival dos semanas antes. A pesar de la rapidez del sistema, faltaban puntos donde poder ver el saldo del que se disponía, algo básico si se elige este sistema de saldo electrónico.

Gran sonido y mejor ambiente en los conciertos

Yendo a lo musical del festival y a su recinto, nos encontramos una gran zona algo alejada de la acampada (lo suficiente como para poder descansar por la noche sin que la música molestase pero para no cansarte al ir al recinto) con dos escenarios que se iban alternando en las actuaciones para no hacer esperar al público así como tres barras de bebida con suficiente personal y un servicio rápido. Así, pudimos ver a Riot Propaganda o a los bosnios Dubioza Kolektiv, entre otros, en un primer día que tuvo algo menos de afluencia de público que el resto. A pesar de que el recinto estaba bien organizado y era amplio, en algunos conciertos llegó a quedarse pequeño: en dos años, el Pirata Rock ha conseguido dejar pequeño su recinto sin ser este precisamente pequeño.

Green Valley

En el segundo día seguimos con Trashtucada o La Pegatina, bandas que levantaron al personal desde el primer momento. Actuación muy particular la de Juanito Makandé, una increíble sorpresa con una puesta en escena imitando al de un encuentro flamenco donde los pelos se ponen como escarpias y no faltan ni las plantas de decoración ni el vino entre los asistentes. Una jornada en la que también pudimos ver la actuación de Ayax y Prok o de la banda Buhos, entre otros.

No obstante, fue en la última jornada del sábado cuando pudimos ver a más asistentes terminando el festival con una gran mezcla de estilos: la voz maravillosa como la Iseo & Dodosound, el rock clásico de Los de Marras o el rap de SFDK, entre otros. El mayor recibimiento del Pirata Rock lo recibió la banda local, y es que La Raíz está girando por todas partes de nuestro país pero es difícil verlos en Gandía, en el que fue su último concierto “en casa” antes de un parón indefinido.

Tras un gran éxito, esta fecha queda ya también marcada ya para el próximo año. Con el tiempo, esta cita puede acabar siendo muy grande ya que han mostrado gran mejoría de un año a otro, una forma de trabajar que suma muchos aciertos y, hasta el momento, pocos errores y sabiendo coger lo mejor de otros festivales junto al cuidado de los detalles. Con esa fórmula, queda sentarnos y disfrutar de su crecimiento mientras año a año volvemos a pasar por su recinto.

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